Amadeo I
Amadeo I —Tiene razón don Francisco —me dijo Cabeza interviniendo en el coloquio con la bondad juiciosa que era el mayor encanto mío—. Sí, amigo Bringas, fuera cuentos que bien pueden ser falsos testimonios. ¿Qué nos importa que Su Majestad tenga un devaneo, y que la tal gaste patillas o barba corrida? No demos aire a las habladurías, y menos ahora que tenemos el progreso en el poder. ¡Y que está el Rey poco contento, vaya! Por lo que he contado a ustedes de las palabritas del don Humberto al despedirse, comprenderán que hay don Manuel para rato… lo que digo: ¡don Manuel para rato!