De Oñate a la granja

De Oñate a la granja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«A usted y a mí, Sr. de Iglesias, nos pasan tantas desventuras por habernos salido de nuestra jurisdicción, del terreno en que por nacimiento, por naturales gustos y por ley del tiempo y de la vida debimos permanecer. En vez de mantenernos en jurisdicción, nos hemos ido por los cerros de Úbeda, y hemos aquí desorientados, huidos, en una palabra, sin saber qué rumbo tomar, pues ya no hay fin seguro para nosotros, como no sea el de la perdición. Yo, presbítero, me salí de mi terreno, arrastrado por un noble afán del bien, eso sí; y aquí me tiene usted castigado por Dios, que no ha visto con buenos ojos el abandono de mis deberes eclesiásticos, por meterme en caballerías impropias de la milicia cristiana a que pertenezco. Verdad que mi conciencia no me arguye ningún pecado grave; pero en religión, como en moral, no sólo es menester ser bueno, sino parecerlo, y yo no parezco un buen sacerdote. La nobleza de los fines que me arrastraron a esta vida de sobresalto, no me exime de responsabilidad ante el clero; no señor, no me exime, y hoy todo mi afán es volver humilde y sumiso al rebaño eclesiástico, prosternarme ante el Sacramento y elevar a Dios mi alma, haciéndome digno de celebrar nuevamente el Santo Sacrificio… Pues expresada mi situación, voy a la de usted, que estimo muy semejante a la mía, aunque a primera vista no lo parezca. Por lanzarse a este vértigo de la política, donde esperaba satisfacer legítimas ambiciones, abandonó usted el bienestar y la paz rústica de su casa manchega; dio usted de lado a sus padres y hermanos, y trocó la tranquilidad obscura y modesta por los afanes ruidosos. Reconozco que sus aspiraciones eran rectas y nobles: servir al país, ilustrarle; aspiraba usted a manifestar en las Cortes sus ideas y el fruto de sus estudios a desempeñar un Ministerio, cosas muy santas y muy buenas… Empezó mi hombre su campaña con entusiasmo y brío, metiéndose en todo, huroneando en el periodismo, cultivando amistades; sin sentirlo se fue metiendo en intrigas de mala ley, porque es la política un terreno movedizo y desigual, y andando por ella, ya se pone el pie en firme, ya se hunde en ciénagas malsanas. Cuando ha querido recordar, ya estaba el hombre metido hasta el cuello. Quizás por su misma inquietud, por el afán de llegar pronto, se ha perdido en estos laberintos, y ahora los esfuerzos para salir le meten en mayor confusión y en más cenagosos atolladeros… Trajo usted con sus aspiraciones legítimas una dosis no corta de soberbia, amigo mío, y por querer sentar plaza en los altos puestos, como a su parecer le correspondía, despreció los secundarios que se le ofrecieron, y ahora se dará con un canto en los pechos si obtener puede un destinillo de tercero o cuarto orden. No ha sabido usted esperar; ha olvidado aquel sabio precepto que se atribuye al último Rey: vísteme despacio, que estoy de prisa; y por vestirse atropelladamente se ha puesto el chaleco donde debió estar la camisa, y la camisa en la cabeza a guisa de turbante. Está usted hecho un mamarracho».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker