De Oñate a la granja

De Oñate a la granja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Yo me alegro, sí señor, me alegro —dijo el Sr. Gelos, congestionado de tanto comer, y aflojándose el dogal que la servilleta le hacía en el cuello—. Ese escandaloso robo será la mecha que ponga fuego a la mina. Los cristinos, en su satánica demencia, desafían a Dios… ¡le meten la mano en el bolsillo a Dios, señores, para quitarle lo que pertenece a la santa Iglesia!… Me alegro, sí, me alegro, para que vean, para que aprendan los que aún no están convencidos… Hablando de esto, decíame esta tarde el señor Echevarría: es lo único que faltaba para que Dios y la Virgen Santísima estuviesen de nuestra parte… Pues qué, todos esos caudales, ¿de quién son sino de nuestra Generala? La piedad se los dio, el Infierno se los quita. Bien, bien: esto nos favorece. ¡Imagínense ustedes la cólera de Dios cuando haya visto!… ¡Están locos, locos!… y nosotros más locos todavía, si no nos aprovechamos de estos desaciertos del masonismo, abandonando los enjuagues y paños calientes, para marchar decididos al exterminio de la impiedad, de la revolución.

—Muy bien: así habla un devoto fiel de la Religión y el Trono —dijo, al extremo de la mesa, uno que se ocupaba en partir nueces para sí y los inmediatos, y era un antiguo guerrillero cojo, empleado en la Superintendencia de Vigilancia Pública.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker