De Oñate a la granja
De Oñate a la granja —Sí, sí… la conozco. Es una en que se queja de que le han robado a su amada, y llora y se desespera. Si no recuerdo mal, empieza así:
Eripitur nobis jam pridem cara puella.
—Justo; y luego dice:
Et tu me lacrymas fundere, amice,vetas…
—¡Ah, Propercio me encanta! También yo, con la presunción, con la audacia que dan los quince años, me metí a traductor… Sí señor: traduje en verso libre la elegía Hora mortis incerta.
—¡Oh, sí! —exclamó D. Sebastián con júbilo—. Es preciosísima. Comienza:
At vos incertam mortales funeris horam
Quæritis, et qua sit mors aditura via…».