De Oñate a la granja
De Oñate a la granja Partió el escudero con más diligencia que confianza, desesperanzado de hallar lo que deseaban los fugitivos, y estos aguardaron su vuelta sentados al abrigo del humilladero. D. Alonso, arropado por la vieja, reclinó su cabeza sobre el hombro de Gracia, que le mimaba y arrullaba como a un niño. A la izquierda de este grupo, Demetria y Fernando permanecían en silencio, hasta que la joven lo rompió con estas o parecidas expresiones: «Aprovecho este descanso, señor mío, para dar a usted noticia de las infelices personas a quienes concede hidalgamente su protección sin conocerlas. Si en todo caso merecería usted nuestra gratitud, amparándonos sin conocernos merece reconocimiento más grande, de esos que nunca pueden extinguirse. Sabrá usted, ante todo, que somos de La Guardia, villa de álava, tan famosa por su antigüedad como por la riqueza que le dan sus campos de viñedo y sembradura; sepa también que mi padre, a quien ve usted en estado tan lastimoso es uno de los señores de más ilustre abolengo en el país, y que a su nobleza corresponde un rico mayorazgo, que se extiende por las mejores tierras de Paganos y El Ciego. No estará de más decirle también que en nuestra familia no sólo es tradicional la nobleza, sino la virtud, y que tuvimos y conservamos, y Dios quiera que siempre nos dure, el respeto y el amor de nuestros deudos y convecinos. Perdió mi padre a su esposa, nuestra querida madre, el año 33, y fue tan extremado nuestro duelo que no creíamos que el tiempo nos pudiera consolar de aquella desgracia, porque… ¡ay! no tiene usted idea de lo que valía mi madre, en quien la virtud y la suma discreción se juntaban, persona única, sin semejante, y tan hermosa además, para que nada le faltara, que a nosotras nos parecía tener en casa a la Virgen Santísima, así como veíamos en mi padre al primer caballero del mundo. Sólo me falta decirle, para darle a conocer la familia, que mis padres no tuvieron hijos varones, y que su única descendencia son estas dos pobres niñas, mujer y niña más bien, que hoy tiene usted bajo su amparo».