De Oñate a la granja
De Oñate a la granja Diciendo esto, oyose el canto de un gallo hacia la parte donde el carretero señalaba las ruinas.
«Pero ahí vive gente… Oiga usted… canta un gallo… y otro.
—Sí señor, gente hay: pastores y carboneros miserables de estos montes, que en las ruinas han hecho sus albergues al amparo de los muros que quedan, y aprovechando las bóvedas que no se han caído».