De Oñate a la granja

De Oñate a la granja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«Aquí estábamos hablando horrores de usted, Demetria —le dijo Fernando, mientras observaba lo que se indica—. Ya sé que está usted muy atareada, que no tiene un momento de reposo.

—¡Ay, D. Fernando!… lo corriente, lo de todos los días, y nada más. Parece que no, y cuando falto de aquí no van las cosas como debieran. Por esto ha de dispensarme que no le acompañe. Gracia, que no tiene nada que hacer, se encarga de entretenerle para que no se aburra. ¡Ay, si supiera usted qué pena me da verle así!… ¡Y que eso le haya pasado por nosotras!… ¡Que se vea usted privado de acudir a sus negocios! En fin, Dios lo ha querido así… no hay más remedio que conformarse… Pero me ha dicho D. Segundo que la herida es leve; que todo se reduce a que se resigne usted a ser nuestro prisionero unos cuantos días, quizás mes y medio.

—¡Bendita cárcel y benditas carceleras! —exclamó Fernando con tanta admiración hacia las niñas como agradecimiento a sus bondades—. Lo que usted dice: Dios lo ha querido así. Sea lo que Dios quiere.

—Pensemos en que lo bueno y lo malo que nos envía es lo que nos conviene.

—Justo… Y vivamos siempre contentos, sin incomodarnos por nada de lo que nos pasa.

—Salvo alguna vez que otra. Mire usted: aquí donde usted me ve, hoy tengo mal humor, estoy enojada…

—¿Por qué, Demetria? ¿qué le pasa a usted?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker