De Oñate a la granja
De Oñate a la granja —En efecto: ese nombre…
—Nos conocemos de la logia, Sr. de Calpena; sólo que está usted trascordado… En una misma noche hablamos los dos, y fuimos aplaudidos bárbaramente.
—Ya, ya voy haciendo memoria.
—Usted habló de la responsabilidad ministerial, y de la manera de hacerla cumplir; yo de la intervención extranjera, sosteniendo que los españoles nos bastamos y nos sobramos para defender la libertad contra todos los déspotas de la Europa y del Asia… Después me metí con los frailes, y probé que entre ellos y los palaciegos nos han traído la guerra civil…
—Es verdad, sí… ¿Y qué hacemos por aquí?
—Pues esperar… Creen que por prendernos adelantan algo… Yo me río de las prisiones… ¿Qué es ello? Maquiavelismo… y si me apuran, miedo… Es la cuarta vez que me traen aquí, y aquellos dos compañeros llevan ya nueve encerronas… Si patriotas entramos, más patriotas salimos. Hoy más libres que ayer, y mañana más que hoy. ¿No piensa usted lo mismo?
—Exactamente lo mismo. Y dígame, ¿nos soltarán pronto? Porque la verdad, este es un bromazo…