De Oñate a la granja
De Oñate a la granja —Ya lo sabía yo… ¿Pues por qué está usted aquí sino por ser el que pone los puntos a la Guardia Real?… Yo se los pongo a la Milicia, y puedo asegurarle que toda ella respira por la santísima libertad…
—Así tiene que ser… ¡Buena se armará!
—¿De modo que la Guardia…?
—Como un solo hombre.
—Chitón… El cabo viene para acá. Disimulemos. Si tiene usted cigarrillos, Sr. de Calpena, le agradeceríamos que nos prestase media docena. Andamos mal de tabaco.
—Tome usted… Coja más. Arriba tengo para muchos días.
—Basta con diez. Muchísimas gracias. Esta tarde han de traernos tabaco, y yo pondré a su disposición buenos puros… El cabo nos mira… Me temo que me diga algo con la vara… Disimulemos… Es muy bruto ese cabo. Ha sido lego de convento y voluntario realista.
—Yo me vuelvo a mi cuarto.
—Usted allá y nosotros aquí… Meditemos… el triunfo es cosa de días. Bájese acá mañana, y hablaremos: tenemos mucho que hablar… Conviene que nos pongamos de acuerdo…
—Enteramente de acuerdo…
—Sobre este y el otro punto… ¿Usted qué opina? ¿Constitución del 12?
—Hombre, pues claro está…