De Oñate a la granja

De Oñate a la granja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Deseaba, pues, ardientemente el rencoroso Ibraim que cayese y reventara pronto ese tío campanero, que no era más que un jormiguiya, mucho moverse, mucho proyectar de fantasía, y poco chapitel. Y seguramente, sus días estaban contados: abierto el nuevo Estamento, se armaría la gran saragata, y adiós mi D. Juan para toda la vida. No recataba el castrense sus instintos revolucionarios, diciendo: Debemo poné en la caye a ese sopenco, y hasé un Ministerio de libres, con Argüeyes a la cabesa. También con esto hubo de manifestarse conforme D Pedro, dispuesto a decir amén a las mayores atrocidades; y no pudiendo aguantar más, indicó con bostezos y pestañeo sus ganas de dormir, por ver si Ibraim se najaba. Lo que este hizo fue invitarle a ir un ratito al café, con lo cual vio el cielo abierto D. Pedro, porque negándose cortésmente a gandulear tan a deshora, el otro, que debía de ser un gandul de primera, se marcharía solo. Pero no quiso Dios que tan a gusto de Hillo pasaran las cosas, porque Ibraim, lejos de parecer contrariado por la negativa de su colega, se mostró muy satisfecho, y dijo que mejor y más desahogaos estarían allí. Al punto tiró de la campanilla, y al mozo que vino le mandó traer copas y cigarros.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker