El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —¿Cómo es eso Restituta, cómo es eso D. Mauro, con que no han ido Vds. a ver la entrada de los franceses? Pues hijos, les aseguro que era cosa de ver. ¡Qué majos son, válgame el santo Ángel de la Guarda!… ¡Pues digo, si da gloria ver tan buenos mozos… y son tantos que parece que no caben en Madrid! Si viera Vd., D. Mauro, unos que andan vestidos al modo de moros, con calzones como los maragatos, pero hasta el tobillo, y unos turbantes en la cabeza con un plumacho muy largo. Si vieras, Restituta, qué bigotazos, qué sables, qué morriones peludos, y qué entorchados y cruces! Te digo que se me cae la baba… Pues a esos de los turbantes creo que los llaman los zamacucos. También vienen unos que son, según me dijo D. Lino Paniagua, los tragones de la guardia imperial, y llevan unas corazas como espejos. Detrás de todos venía el general que los manda, y dicen está casado con la hermana de Napoleón… es ese que llaman el gran duque de Murraz o no sé qué. Es el mozo más guapo que he visto; y cómo se sonreía el picarón mirando a los balcones de la calle de Fuencarral. Yo estaba en casa de las primas, y creo que se fijó en mí. ¡Ay hija, qué ojazos! Me puse más encarnada… Por ahí andan pidiendo alojamiento. A mí no me ha tocado ninguno y lo siento: porque la verdad, hija, esos señores me gustan.