El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Un día salieron los amos, encargándole como de costumbre, la custodia de la casa. Inés, encerrada en su aposento, habló conmigo como Tisbe al través del muro, y en mi desesperación, no pudiendo ni verla, ni sacarla de allí, discurrí que convenía explorar el corazón del mancebo, por si era posible ablandarle, para que protegiera nuestra fuga. Bajé a la tienda, y después que hablamos un poco de cosas indiferentes, dije a Juan de Dios:
—¿No es un dolor, Sr. D. Juan, que esa muchacha se muera de tristeza en ese cuartucho? ¿Por qué no la dejan suelta por la casa? ¿Acaso es alguna fiera?
Advertí en el semblante del mancebo, un como estremecimiento o vislumbre, después pareció que la poca sangre de su cuerpo se le agolpaba en la frente, y me habló así:
—Gabriel, tienes razón. ¿Por qué la encierran así siendo tan buena y tan humilde?… Ya estará libre… —dijo Juan de Dios, como hablando consigo mismo.
Estas palabras despertaron mucho mi curiosidad, y resolví hacerle hablar sobre el asunto, fingiendo poco interés por la muchacha.
—Verdad es —dije— que como está tan mal criada…