El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —¡Mal criada! —exclamó el dependiente con viveza—. Tú sí que eres un mal criado y un bruto. Cuando la veo tan dulce, tan modesta, tan guapa, me da lástima que… Aquí la tratan de un modo que da compasión…
—Pero los amos son muy buenos con ella; la han comprado un vestido, y D. Mauro quiere que sea su mujer.
Al oírlo Juan de Dios, se inmutó de tal modo, que le tuve miedo.
—¡Casarse con ella! —exclamó—. No, no; eso no puede ser.
—Bien es verdad, que si la muchacha no quiere, ¿por qué han de obligarla?
—Es verdad. No; no la obligarán.
Comprendí que convenía variar de táctica, demostrando mucho interés por la prisionera.
—Pues si ella no quiere —dije— será una obra de caridad sacarla de aquí.
—¿Tú crees lo[9] mismo? —me preguntó con ansiedad.
—Sí. Me da tanta lástima de la pobrecita, que si en mí consistiera, ya le hubiera abierto las puertas para que volara como un pajarito.
—Gabriel —me dijo Juan de Dios solemnemente, poniendo su mano sobre mi brazo—, si tú fueras un chico prudente y discreto, yo te confiaría un proyectillo…
No había más remedio que fingir gran indignación contra los Requejos, y así lo hice, diciendo: