El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
ERO si apenas puedo creerlo —exclamaba mi ama—. ¡Con que la señorita huía con Gabriel! Tunante, ladroncillo, y cómo nos engañaba con su carita de Pascua. Ven acá —añadió dándome golpes—. ¿A dónde ibas con Inesilla, monstruo? ¿Qué te han[11] dado por entregarla, ladrón de doncellas? A la cárcel, a presidio pronto, si es que no le desollamos vivo. Pero di, ¿robabas a Inés?
—¡Sí, vieja bruja! —respondí con furia—. ¡Me iba con ella!
—Pues ahora vas a ir por el balcón a la calle —dijo D. Mauro, clavando en mi cuerpo su poderosa zarpa.
Francamente, señores, creí que había llegado mi último instante entre aquellos tres bárbaros, que, cada cual según su estilo peculiar, me mortificaban a porfía. De todos los golpes y vejaciones que allí recibí, les aseguro a Vds. que nada me dolía tanto como los pellizcos de doña Restituta, cuyos dedos, imitando los furiosos picotazos de un ave de rapiña, se cebaban allí donde encontraban más carne.
—Y sin duda fuiste tú quien mandó a aquella maldita mujer, para sacarme de la casa, pues en la plazuela de Afligidos no hay ya rastros de almoneda. Este chico merece la horca, sí, Sr. de Lobo, la horca.
—¡Y la muy andrajosa de mi sobrina se marchaba tan contenta! —dijo Requejo, encerrando de nuevo a Inés en el miserable cuartucho.