El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —¿Qué cruz ni cruz? ¿Quiere Vd. la prueba? Pues tome Vd. esa carta que el caballerito me dio para su novia —dije, entregándole la carta del mancebo.
Restituta la tomó en sus manos, frías como el mármol y temblorosas, recorrió muy deprisa sus once pliegos, examinó la firma y díjome después:
—¿Estoy soñando? Tú… eres Gabriel… ¡Oh!, yo estoy loca… Ese miserable, a quien hemos dado de comer…
—¿Aún lo duda Vd.? —dije—. Pues en este momento Juan de Dios está en el sótano abriendo el arca del dinero.
No me es posible hacer formar idea del salto que dio Restituta. Creo que hasta la silla saltó también arrastrada por el espantoso sacudimiento de los nervios de la hermana del Sr. D. Mauro.
—Venga Vd. y lo verá con sus propios ojos —exclamé tomándola de la mano e impeliéndola hacia afuera.
Restituta me siguió, porque la curiosidad, la rabia, el mismo terror, la impulsaban tras mí. Tropezó mil veces. Su cuerpo temblaba, y con frecuencia llevábase las manos a los desgreñados pelos para arrancarse algunos, o para echarlos todos hacia atrás. El extravío de sus ojos a nada es comparable, y a mí mismo, que ya creía tenerla vencida, me causaba miedo.