El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Llegamos a la boca del escotillón, y allí, mientras hería nuestros ojos la tenue claridad que del sótano salía, oímos claramente ruido de monedas. Juan de Dios contaba sus ahorros de veinte años. Cuando el tímpano de Restituta fue afectado de aquel vibrante sonido, un estremecimiento nervioso como el producido en la organización humana por la descarga de poderosas pilas eléctricas, sacudió sus miembros, precipitándose ciegamente por la escalera, exclamó:

—¡Malvado! ¡Así nos pagas el pan de veinte años!
Aún no habían llegado los resbaladizos pies de mi ama al quinto peldaño, cuando la pesada puerta del escotillón cayó, lanzada por mis manos. No había llave con qué cerrar, porque Juan de Dios la había quitado; pero al instante puse sobre la puerta una caja de latas de pomada, y luego dos, y luego cuatro, y después un fardo de tela, y otro y otro encima. En diez minutos puse sobre la entrada de la que había sido mi prisión un peso tal, que cuatro hombres fuertes no hubieran podido levantarlo desde abajo.
Concluido esto subí. Inés, despavorida y aterrada, no sabía a qué santo encomendarse.
—¡Ya eres libre, Inés! —exclamé con la mayor alegría—. Vístete, vámonos pronto. No perder un momento: puede venir el amo.