El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —Pero la señora marquesa no vive ahora allí, pues durante la primavera se traslada a la casa de su hermano, allá por la cuesta de la Vega, en un palacio que tiene muy amenos jardines, y espacioso horizonte hacia la parte del Manzanares. Allí encontraremos hoy a esa insigne señora, honor de la hispana grandeza. ¿Por qué no acudir a ella? Me ha dicho infinitas veces que desea servirme, tanto a mí como a mi sobrina, y que espera con ansia el momento en que yo quiera usar de su poder y valimiento para cualquier asunto.
—En esa señora nos manda Dios un comisionado para salir de este apuro —dije yo sintiéndome con mayores ánimos—. Le contaremos lo que nos pasa, comprenderá con cuánta injusticia se nos persigue, y cuando vea a Inés… ¡Ay!, se me figura que el empeño de la marquesa en ver a Inés no es simple curiosidad. En fin: visitarémosla hoy mismo y Dios dirá.
—Temo salir a la calle.
—Yo también; pero es preciso salir, no es cosa de que andemos por los tejados. Si quiere usted iré yo ahora mismo a casa de la señora marquesa, que ya me conoce, y diciéndole que voy de parte de Vd. le pintaré la situación en que nos encontramos, hablándole también de Inesilla, que es sin duda lo que le interesa más.
—Me parece bien; ¿y si te ven?
—Iré por calles extraviadas, y en caso de apuro, no me faltan piernas con que perderme de vista.