El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —Esas balas se meten en los cañones que están allí junto —dije yo, queriendo mostrar mi erudición— y poniendo también pólvora y un cartucho se dispara y es muy bonito. Hace un ruido, chiquilla, que se vuelve uno loco. ¡Si vieras cómo me lucí en el combate de Trafalgar! ¡Si tú me hubieras visto!… Lo menos maté mil ingleses.
—Quiten para allá —exclamó con miedo D. Celestino—. Sólo de pensar que eso se dispara me pongo a temblar.
Y se retiraron de la ventana. Yo aconsejé a Inés que descansara, y salí a la calle después que D. Celestino, echándome algunas bendiciones, rezó un pater noster por mi seguridad y buena suerte en la comisión que iba a desempeñar.
Alejándome todo lo posible del centro de la villa, llegué a la plazuela de Palacio, donde me detuvo un obstáculo casi insuperable; un gran gentío, que bajando de las calles del Viento, de Rebeque, del Factor, de Noblejas y de las plazuelas de San Gil y del Tufo, invadía toda la calle Nueva y parte de la plazuela de la Armería. Pensando que sería probable encontrar entre tanta gente al licenciado Lobo, procuré abrirme paso hasta rebasar tan molesta compañía; pero esto era punto menos que imposible, porque me encontraba envuelto, arrastrado por aquel inmenso oleaje humano, contra el cual era difícil luchar.