El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Estas palabras las oà confusamente, y después me quedé solo, o mejor dicho, acompañado de algunos chicuelos que me empujaban de acá para allá jugando conmigo. No tardé en recobrar con el completo uso de mis facultades, la idea perfecta de la terrible situación, sólo olvidada durante un rato de marasmo fÃsico y de turbación mental. Oà distintamente las dos en un reloj cercano, y observé el sitio en que me encontraba, el cual no era otro que la plazuela del Barranco, inmediata a los Caños del Peral. Contemplar mental y retrospectivamente cuanto habÃa pasado, medir con el pensamiento la distancia que me separaba de la Montaña y correr hacia allá todo pasó en el mismo instante. SentÃame ágil; la desesperación aligeraba tanto mis pasos, que en poco tiempo llegué al fin de mi viaje; y en la portalada que daba a la huerta del PrÃncipe PÃo vi tanta gente curiosa que era difÃcil acercarse. Yo lo hice a pesar de los obstáculos, y habrÃa sido preciso matarme para hacerme retroceder. Las mujeres allà reunidas daban cuenta de los desgraciados que habÃan visto penetrar para no salir más. Desde luego quise introducirme, e intenté conmover a los centinelas con ruegos, con llantos, con razones, hasta con amenazas. Pero mis esfuerzos eran inútiles y cuanto más clamaba, más enérgicamente me impelÃan hacia fuera. Después de forcejear un rato, la desesperación y la rabia me sugirieron estas palabras que dirigà al centinela.