El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo Tan convincentes razones me valieron el ser aprehendido; y al fin penetré en la huerta. Apenas había dado algunos pasos hacia las personas que confusamente distinguía delante de mí, cuando un vivo gozo inundó mi alma. Inés y D. Celestino estaban allí, ¡pero de qué manera! En el momento de mi entrada a ambos los ataban, como eslabones de la cadena humana que iba a ser entregada al suplicio. Me arrojé en sus brazos, y por un momento, estrechados con inmenso amor, los tres no fuimos más que uno solo. Inés empezó después a llorar amargamente; mas el clérigo conservaba su semblante sereno.

—Desde que le has visto, Inés, has perdido la serenidad —dijo gravemente—. Ya no estamos en la tierra. Dios aguarda a sus queridos mártires, y la palma que merecemos nos obliga a rechazar todo sentimiento que sea de este mundo.
—¡Inés! —exclamé con el dolor más vivo que he sentido en toda mi vida—. ¡Inés! Después de verte en esta situación, ¿qué puedo hacer sino morir?
Y luego volviéndome a los franceses ebrio de coraje, y sintiéndome con un valor inmenso, extraordinario, sobrehumano, exclamé:
—Canallas, cobardes verdugos, ¿creéis que tengo miedo a la muerte? Haced fuego de una vez y acabad con nosotros.