El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —Tenía tanta impaciencia por venir a ver esas tierras —dijo D. Mauro—, que… y al mismo tiempo el alma se me arrancaba en cuajarones al pensar en mi querida sobrinita, huérfana y abandonada… porque las tierras, Sr. D. Celestino, no son ningún muladar, Sr. D. Celestino, y me han costado obra de[3] trescientos cuarenta y ocho reales, trece maravedíes, sin contar las diligencias ni el por qué de la escritura. Sí señor; ya está pagado todo, peseta sobre peseta.

—Todo pagado —indicó doña Restituta mirando uno tras otro a los tres que estábamos presentes—. A este no le gusta deber nada.
—¡Quiten para allá! Antes me dejo ahorcar que deber un maravedí —exclamó D. Mauro, llevando la manopla a la garganta, oprimida por el corbatín.
—En casa no ha habido nunca trampas —añadió la hermana.
—A eso deben Vds. el haber adelantado tanto —dijo D. Celestino.
—La suerte… eso sí: hemos tenido suerte —dijo Requejo—. Luego, esta es tan trabajadora, tan ahorrativa, tan hormiguita…
—Pero todo se debe a tu honradez —añadió Restituta—. Sí, créanlo Vds., a su honradez. Este tiene tal fama entre los comerciantes, que le entregarían los tesoros del rey.