El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —En fin… algo se ha hecho, gracias a Dios y a nuestro trabajo. Si fuera a hacer caso de esta, compraría tierras y más tierras. A esta no le gustan sino las tierras.
—Y con razón: si este me hiciera caso —dijo la hermana, mirando otra vez sucesivamente a los circunstantes—, todas nuestras ganancias se emplearían en tierras de labor.
—Como yo soy así tan… pues —indicó Requejo.
—Sin soberbia, Sr. D. Celestino —dijo Restituta—, bueno es aparentar que se tiene lo que se tiene.
—Y me hace comprar vestidos, sombreros, alhajas —indicó D. Mauro—. Qué sé yo la tremolina de cosas que ha entrado en casa. Ello, como se puede… Vea Vd. esta cadena —añadió mostrando a D. Celestino una que traía al cuello—; vea Vd. también este alfiler. ¿Cuánto cree Vd. que me han costado? La friolerita de mil reales… Ps: yo no quería; pero esta se empeñó, y como se puede…
—Son hermosas piezas.
—Y bien te dije que te quedaras también con la tumbaga de la esmeralda, que ya recordarás la daban en poco más de nada. Es una lástima que la haya tomado el duque de Altamira.
Al decir esto nos miraban, y nosotros les contestábamos con señales de asentimiento, pero sin palabras, porque ni a Inés ni a mí se nos ocurrían.