El 19 de Marzo y el 2 de Mayo
El 19 de Marzo y el 2 de Mayo —Pero, ¿cómo está ahí mi sobrina tan calladita? —dijo Requejo riéndose de improviso, y quedándose muy serio un instante después.
Inés se sonrojó y no dijo nada, porque en efecto no tenía nada que decir.
—¡Ay, no puede negar la pinta! ¡Cómo se parece a su madre, a la pobre Juana, mi prima querida! —exclamó Requejo llevándose la manopla a la boca para tapar un bostezo—. ¡Y qué pronto se murió la pobrecita!
—Ya que pasó a mejor vida aquella santa y ejemplar mujer —dijo Restituta—, no la nombremos, porque así se renueva nuestro dolor y el de esa pobre muchacha, aunque ella es niña, y los niños se consuelan más fácilmente.
Inés no dijo nada tampoco; pero el color encendido de su rostro se trocó en intensa palidez. Creyó conveniente el cura variar la conversación, y dijo:
—¿Y ha visto Vd. esas tierras de la laguna de Ontígola?
—Todavía no —respondió Requejo—; pero me han dicho que son magníficas. Ps… para mí, poca cosa. Esta se empeñó en que me quedara con ellas y al fin me decidí. Allá en el país tenemos muchas más, que hemos ido comprando poco a poco.
—En su país de Vd. hacia el Bierzo, si no me engaño.