Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Teníamos a mano izquierda el callejón de la Duda, como sitio estratégico que nos sirviera de parapeto y de camino para la fuga, y desde allí el señor noble y yo dirigíamos nuestros tiros a los primeros mamelucos que aparecieron en la calle. Debo advertir que los tiradores formábamos una especie de retaguardia o reserva, porque los verdaderos y más aguerridos combatientes eran los que luchaban a arma blanca entre la caballería. También de los balcones salían tiros de pistola y gran número de armas arrojadizas, como tiestos, ladrillos, pucheros, pesas de reloj…
Primorosa, en uno de aquellos espantosos choques, pero al poco rato la vi reaparecer, lamentándose de haber perdido su cuchillo, y me arrancó el fusil de las manos con tanta fuerza que no pude impedirlo. Quedé desarmado en el mismo momento en que una fuerte embestida de los franceses nos hizo recular la acera de San Felipe el Real. El anciano noble fue herido junto a mí; quise sostenerle, pero, deslizándose de mis manos, cayó exclamando: «¡Muera Napoleón! ¡Viva España!».