Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Aquel instante fue terrible porque nos acuchillaron sin piedad, pero quiso mi buena estrella que, siendo yo de los más cercanos a la pared, tuviera delante de mí una muralla de carne humana que me defendía del plomo y del hierro. La masa de gente se replegó por la calle Mayor y como el violento retroceso nos obligara a invadir una casa de las que hoy deben tener la numeración desde el 21 al 25, entramos decididos a continuar la lucha desde los balcones.
Invadiendo la casa, la ocupamos desde el piso bajo a las buhardillas; por todas las ventanas se hacía fuego, arrojando al mismo tiempo cuanto la diligente valentía de sus moradores encontraba a mano. En el piso segundo, un padre anciano, sosteniendo a sus dos hijas que, medio desmayadas, se abrazaban a sus rodillas, nos decía: «Haced fuego; coged lo que os convenga. Aquí tenéis pistolas; aquí tenéis mi escopeta de caza. Arrojad mis muebles por el balcón y perezcamos todos, y húndase mi casa si bajo sus escombros ha de quedar sepultada esa canalla. ¡Viva Fernando! ¡Viva España! ¡Muera Napoleón!»… Pero nos escaseó la pólvora, nos faltó al fin, y al cuarto de hora de nuestra entrada ya los mamelucos daban violentos golpes en la puerta.
Los franceses asaltaban la casa mientras otros de los suyos cometían atrocidades en la de Oñate.