Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos —¡Ya entran, nos cogen; estamos perdidos! —exclamamos con terror, sintiendo que los mamelucos se encarnizaban en los defensores del piso bajo.
—Subid a la buhardilla —nos dijo el anciano con frenesí— y, saliendo al tejado, echad por la caja de la escalera todas las tejas que podáis levantar. ¿Subirán los caballos de estos monstruos hasta el techo?
Las dos muchachas, medio muertas de terror, se enlazaban a los brazos de su padre, rogándole que huyese.
—¡Huir! —exclamaba el viejo—. No; mil veces, no. Enseñemos a esos bandoleros cómo se defiende el hogar sagrado. Traedme fuego, fuego y apresarán nuestras cenizas, no nuestras personas.
Los mamelucos subían. No había salvación. Pero algunos de los nuestros habíanse, en tanto, internado en la casa y con fuerte palanca rompían el tabique de una de las habitaciones más escondidas. Al ruido acudí allá velozmente, con la esperanza de encontrar escapatoria y, en efecto, vi que habían abierto en la medianería un gran agujero por donde podía pasarse a la casa inmediata. Nos hablaron de la otra parte, ofreciéndonos socorro, y nos apresuramos a pasar.