Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Largos y sabrosos coloquios entablábamos Agustín y yo en los ratos de descanso. El generoso y noble amigo, a los dos días de intimidad, mostraba totalmente su corazón, y me abría el arca de sus pensamientos. Sus primeras confidencias fueron hasta melancólicas. Temía la muerte; sentíase amarrado a la vida con fuertes lazos… Entre mil prolijas frases de amarga incertidumbre, recuerdo ésta: «Francamente, Gabriel, yo no quisiera morir en este terrible cerco que nos han puesto los franceses. En el otro sitio también tomamos las armas todos los alumnos del Seminario, y te confieso que estaba yo más valiente que ahora. No sé qué fuego enardecía mi sangre, y me lanzaba a los puestos de mayor peligro sin temer la muerte. Hoy no me pasa lo mismo: estoy medroso, y el disparo de un fusil me hace estremecer».