Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Asombrado de aquel fervor, que la familiaridad hacÃa más interesante, pugné por abrirme paso hasta la reja, y vi la célebre imagen. ¿Quién no la ha visto, quién no la conoce al menos por las estampas y esculturas que la han reproducido hasta lo infinito de un extremo a otro de las Españas?… Contemplé la Virgen, admirando su portentosa incrustación dentro del alma aragonesa, y a empujones nos apartamos de la capilla. Por la inquietud de AgustÃn y su rápido mirar a una parte y otra, comprendà que en el Pilar se habÃa citado con Mariquita. Asà era. De improviso, apretándome el brazo, me dijo: «MÃrala…, ahà está con la vieja Guedita». Diciendo esto, codeaba a un lado y otro para abrirse paso, estropeando espaldas y pechas, pisando pies, chafando sombreros y arrugando vestidos. Yo seguà tras él, causando iguales estragos a derecha e izquierda, y por fin llegamos junto a la joven, que era realmente hermosa, según pude reconocerlo en aquel momento por mis propios ojos. Junto a ella, vi a la vieja guardiana, doña Guedita, desdentada y risueña, boca y nariz copiadas del perfil de una cabeza de tortuga, negro manto, manos sarmentosas armadas de rosario… Sedientos de conversación, se trabaron de tiernas palabras los novios; pero no habÃan pronunciado veinte cuando un hombre se nos acercó de súbito, nos miró con ojos centelleantes, y cogiendo a la niña bonita por un brazo, enojadamente, le dijo: «¿Qué haces aquÃ?… Y usted, tÃa Guedita, ¿por qué la trae a el Pilar sin mi permiso? ¡A casa, a casa, pronto!».