Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Pero no hacía caso, y seguía disparando. Al fin, la casa, que era débil como su vecina, experimentó una fuerte sacudida, cual si temblara la tierra en que se arraigaban sus cimientos. Manuela Sancho arrojó el fusil. Ella y la otra mujer entraron precipitadamente en una inmediata alcoba, de cuyo oscuro recinto salían angustiosas lamentaciones. Al entrar, vimos que las dos muchachas abrazaban a una vieja tullida que, en su pavor, quería arrojarse del lecho.
—Madre, esto no es nada —le dijo Manuela, cubriéndola con lo primero que encontró a mano—. Vámonos a la calle, que la casa parece que se quiere caer.
La anciana no hablaba, no podía hablar. Tomáronla en brazos las dos mozas; mas nosotros la recogimos en los nuestros, encargando a ellas que llevaran nuestros fusiles y la ropa que pudieran salvar. De este modo, pasamos a un patio, que nos dio salida a otra calle, donde aún no había llegado el fuego.