Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Cádiz, en tanto, como un panorama giratorio, se escorzaba a nuestra vista, presentándonos sucesivamente las distintas facetas de su vasto circuito. El sol, encendiendo los vidrios de sus mil miradores, salpicaba el caserío con polvos de oro y su blanca mole se destacaba tan limpia y pura sobre las aguas que parecía creada en aquel momento.
A mis oídos llegaba, como música misteriosa, el son de las campanas de la dudad medio despierta, tocando a misa con algaraza charlatana. Ya expresaban alegría como un saludo de buen viaje, y escuchábamos el rumor cual si fuese de humanas voces que nos daban la despedida; ya me parecían sonar tristes y acongojadas, anunciándonos una desgrada, y a medida que nos alejábamos, aquella música se iba apagando, hasta que se extinguió, difundida en el inmenso espado.
La escuadra salió lentamente: «Algunos barcos emplearon horas en hallarse fuera. El cielo se enturbió por la tarde, y al anochecer, hallándonos ya a gran distancia, vimos a Cádiz perderse poco a poco entre la bruma, hasta que se confundieron con las tintas de la noche sus últimos contornos. La escuadra tomó rumbo al Sur».
Por la noche, una vez que dejé a mi amo muy bien arrellanado en su camarote, fui en busca de Medio-Hombre, que a sus colegas y admiradores explicaba el plan de Villeneuve del modo siguiente: