Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Al mismo tiempo se dirigía la vista enderredor y ¡qué espectáculo, Virgen del Carmen!, treinta y dos navíos, cinco fragatas y dos bergantines, entre españoles y franceses, colocados delante, detrás y a nuestro costado, se cubrían de velas y marchaban también impelidos por el escaso viento. No he visto mañana más hermosa. El sol inundaba de luz la magnífica rada; un ligero matiz de púrpura teñía la superficie de las aguas por Oriente; en el cielo limpio apenas se veían algunas nubes rojas y doradas por Levante; el mar azul estaba tranquilo, y sobre este mar, y bajo aquel cielo, las cuarenta naves, con sus blancos velámenes, emprendían la marcha, formando el más vistoso escuadrón que puede presentarse ante humanos ojos.
No andaban todos los bajeles con igual paso. La lentitud de su marcha; la altura de su aparejo, cubierto de lona; cierta misteriosa armonía que mis oídos de niño percibían como saliendo de los gloriosos cascos, especie de himno que sin duda resonaba dentro de mí; la claridad del día, la frescura del ambiente, la belleza del mar, que fuera de la bahía parecía agitarse con gentil alborozo a la aproximación de la flota, formaban un cuadro de sublime belleza.