Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Pronunció, bendiciéndome, el ego te absolvo, y extendiéndose luego cuan largo era sobre el suelo. Su aspecto era tristísimo, y aunque yo no me encontraba bien, juzguéme en mejor estado de salud que el buen fraile. Le llamé gritando en su oído, y como no me respondiese sino con lastimeros quejidos, apartéme de allí para buscar quien fuera en su ayuda. Encontré a varios hombres y mujeres y les dije:
«Ahí está el Padre Fray Mateo del Busto que no puede moverse».
Pero no hicieron caso y siguieron adelante. Por fin, con dos amigos que se me juntaron, fui a prestar auxilio al pobre Fraile Mínimo. Cuando le preguntamos cómo se encontraba, nos contestó así:
«¿Qué es eso? ¿Ya tocan a maitines? Todavía es temprano. Yo me duermo. Estoy rendido».
Entre los tres le cargamos; pero al poco trecho se nos quedó muerto entre los brazos.
Mis compañeros acudieron al fuego, y yo a seguirles me disponía, cuando alcancé a ver un hombre cuyo aspecto llamó mi atención. Era el tío Candiola, que salió de una casa cercana con los vestidos chamuscados. Le detuve en medio de la calle preguntándole por su hija y por Agustín, y con gran agitación me respondió: