Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos ¡La Santa Virgen del Pilar nos asista! —exclamó don José de Montoria—. Parece que ha volado el mundo entero. ¿Qué es esto? ¿Existe todavía Zaragoza?… Ha volado el convento de San Francisco. ¡Porra!, traición hay aquí, ¡mil porras!
Gravemente herido en una pierna, el gran patriota andaba con dificultad. «Traición…, ha sido traición —gritábamos todos».
Acercóse a nosotros el locuaz mendigo de quien hice mención en las primeras páginas de este relato.
—Sursum Corda —le dijo Montoria—, dame tus muletas que para nada las necesitas.
—Déjeme su merced llegar a aquel portal —replicó el cojo— y se las daré. No quiero morirme en medio de la calle.
—¿Te mueres tú?
—¡Así parece! La calentura me abrasa. Estoy herido en el hombro desde ayer y todavía no me han sacado la bala.
Siento que me voy… Tome usía las muletas…
Con ellos pudo avanzar un poco Montoria hacia el lugar de la catástrofe. Los franceses habían cesado de hostilizar el convento por el lado del hospital; pero asaltándolo por San Diego ocupaban a toda prisa las ruinas, que nadie podía disputarles. Conservábase en pie la iglesia y torre de San Francisco.