Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Los soldados enemigos morían como moscas al pie de la brecha; pero de los nuestros caían también por docenas. Pero la pérdida más sensible fue la del jefe don Rodulfo Marshall. Tengo la gloria de haberle recogido en mis brazos en el mismo boquete de la brecha, y no se me olvidará lo que dijo poco después, tendido en la calle, en el momento de expirar: «Muero contento por causa tan justa y por nación tan brava».
Cuando esto pasó, ya los franceses indicaban haber desistido de entrar en la ciudad por aquella parte. Y hacían bien, porque estábamos cada vez más decididos a no permitirlo. Si a tiros no lográbamos contenerlos, los acuchillábamos con fiereza; y como esto no bastara, aún teníamos a mano las piedras de la muralla para arrojarlas sobre sus cabezas. Cuando la función en la muralla de Santa Lucía terminaba, no nos veíamos unos a otros; el polvo y el humo formaban densa atmósfera en toda la ciudad y sus alrededores, y el ruido que producían las doscientas piezas de los franceses vomitando fuego por diversos puntos, a ningún ruido de máquinas de la tierra ni de tempestades del cielo era comparable. La muralla estaba llena de muertos que pisábamos inhumanamente al ir de un lado para otro, y entre ellos algunas mujeres intrépidas expiraban confundidas con los soldados y patriotas.