Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Don Pablo, ciego de cólera, apostrofó a los rapaces tan violentamente, que faltó poco para que perdieran en un punto su bélico entusiasmo.
«Granujas, largo de aquí al instante —les dijo—. ¿Qué desvergüenza es ésta? ¡Meterse en mi casa de este modo!».
Siseta y yo, indignados de tal audacia, empezamos a repartir pescozones a diestro y siniestro; pero de pronto observamos que la enferma contemplaba a los desvergonzados muchachos con atención complacida, y sonreía con tanta espontaneidad y desahogo, como si su alma sintiera indecible gozo ante aquel espectáculo. Hícelo notar al señor don Pablo, y al punto éste se puso de parte de los alborotadores, conteniendo a Siseta, que iba sobre ellos con implacable furor.
«Dejarles —dijo Nomdedéu—. Mi hija demuestra que está muy complacida viendo a estos bergantes. Mira cómo se ríe, Andrés; observa cómo les aplaude. Bien, muchachos; corred y chillad alrededor del cuarto».
Y diciendo esto, don Pablo, en medio de la sala, empezó a llevar el compás. En mal hora se les ordenó seguir. ¡Santo Dios! ¡Qué algaraza, qué estrépito!