Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos De improviso nos sorprendió un gran estruendo en el portal, no estampido de bombas y granadas, sino clamor chillón y estridente, de mil desacordes ruidos compuesto, tales como patadas, bufidos, cacharrazos y sones bélicos de varia índole. Inquieto y confuso, Nomdedéu miraba a todos lados, inquiriendo la causa de aquel ruido; pero pronto él y los demás salimos de dudas, viendo entrar una turba de chiquillos que, desvergonzadamente y sin respeto a nadie, se colaron en la sala, dando golpes, empujándose, chillando y berreando en los más desacordes tonos. Dos de ellos llevaban colgados al cinto sendos cacharros sobre cuyo abollado fondo redoblaban con palillos de sillas viejas; tocaban la trompeta con la nariz, y todos, al compás de la inaguantable música, bailaban con ágiles brincos y cabriolas.
No necesito decir que al frente del ejército venían Manalet y Badoret, este último llevando a cuestas a Gasparó, tal como le vi en la muralla. Ninguno dejaba de traer palo, caldero viejo o vara con pingajos colgados de la punta, con cuyos objetos se simulaban fusiles, tambores y banderas. Un fondo de silla de paja atado a una cuerda y arrastrado por el suelo servía de trofeo a uno, y otro adornaba su cabeza con un cesto medio deshecho, no faltando las casacas de militares hechas jirones, y los morriones de antigua forma con descoloridas plumas adornados.