Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos —No, que se aguarden un poco —indicó don Pablo—. Son unos chicuelos muy salados. Mira qué contenta está Josefina. Lo que quiero, Badoret, es que no metáis mucho ruido… Y dime, Manalet, ¿traéis algo de comer?
—Yo traigo cinco guindas —dijo prontamente Badoret sacándolas del seno.
—Dadme con disimulo y sin que lo vea mi hija todo lo que traigáis, que yo os daré ochavos para que compréis pólvora.
—Pauet —dijo Manalet—, saca ese medio pepino que le cogiste al soldado muerto.
—Yo doy este pedazo de bacalao —dijo otro, entregando la ofrenda en manos de don Pablo.
—Y yo, esta cabeza de gallina cruda».
En un momento se reunieron diversos manjares, tales como tronchos de col, que llevaban impreso el sello de las limpias manos de sus generosos dueños; garbanzos crudos que habían sido sacados por los agujeros de las sacas por sutilísimos dedos; pedazos de cecina, zanahorias, dos o tres almendras en confite, que ya habían recibido muchas mordidas, y otras viandas, tan liberalmente entregadas como alegremente recibidas. Procurando que no se enterase su hija, llamó don Pablo a la señora Sumta, que acababa de llegar en aquel instante, y llevándola tras el sillón de la enferma, le dijo: