Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Entrábase en la desierta casa por una puertecilla que comunicaba ambos patios, y que los vecinos solían tener abierta para venir a tomar agua en el pozo del nuestro. Cuando penetré en el patio hallé que una gran parte de éste se había trocado en recinto cubierto, por la acumulación de vigas y tabiques atascados en un ángulo antes de llegar al suelo. Aquel accidental techo no necesitaba sino ligero impulso, una voz fuerte, una trepidación insensible, para caer al suelo. Adelantando cuidadosamente llegué a la caja de la escalera, abierta a la luz y al aire por el hundimiento de las salas de la fachada y de una parte del techo, por donde penetraron las granadas. Cubrían el suelo muebles confundidos con trozos de pared, vidrios y mil desiguales fragmentos de preciosidades artísticas, materia caótica de la historia, que ningún sabio podía ya reunir ni ordenar. La escalera había perdido uno de sus tramos y para el ascenso era preciso trepar, saltando abruptas alturas.
En la imposibilidad de subir di voces al pie de la escalera por ver si desde aquellas solitarias cavidades me respondía alguno de los muchachos a quienes buscaba. Grité con toda la fuerza de mis pulmones:
—¡Badoret, Manalet!