Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Extenuada encontré a Siseta y dolorida de mi ausencia, pero al fin Dios nos reunía, y los cuatro nos abrazamos, lamentando la falta del pobrecito Gasparó, que se había ido conforme al Cielo… Como ya, rendida la plaza, teníamos sano alimento, Siseta no tardó en reponerse… Vivíamos, y esto no era poco en aquellos tiempos de trágica desolación. Acabo aquí mi cuento en lo que tiene de personal, añadiendo, para rematar el cuadrito, que don Pablo Nomdedéu perdió el juicio y su hija lo recobró. La intensidad de las impresiones en los días terribles de muerte y hambre fue para ella como heroico y decisivo medicamento. El buen don Pablo, que al ver razonable a su hija, desvariaba con graciosa locuacidad, no hacía más que reír y frotarse las manos, repitiendo como estribillo mental el famoso Similia similibus.
Pero aún me queda otra parte del cuento, y es que, como prisionero de guerra, tenía que partir a Francia con todos los defensores de Gerona. La razón de no haber partido al día siguiente de la rendición fue que me incluyeron entre los enfermos, y a éstos, como al propio Gobernador, don Mariano de Castro, se nos concedieron algunos días hasta que nos hallásemos en disposición de emprender el penoso viaje.