Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Acompañando al amigo, que iba provisto de una boleta de pase, penetré en la cuna de las Cortes, acabaditas de nacer, o que en aquel instante nacían. La cuna era un mal teatro, habilitado para templo constituyente. No olvidaré nunca la impresión que en mí dejó el mezquino local, albergue o cuerpo de un alma tan grande. En el escenario, bajo un dosel entre telones campeaba el retrato de Fernando VII; ante él, un dorado sillón vuelto de espaldas, para indicar la presencia ideal y ausencia efectiva del soberano. A un lado y otro del sillón, que daba su reverso al público, se sentaban los señores regentes (obispo de Orense, Saavedra, Castaños, Escaño, Lardizábal); los procuradores ocupaban modestos bancos a un lado y a otro; en el centro, una mesa con tapete de damasco, cuadernillos de escribir y el consabido recado de escribir de los teatros, era el lugar de los secretarios que habían de redactar las cartas. Lunetas y palcos ocupaba el público elegante, y en el llamado «gallinero» cacareaba el verdadero gallo de la parlamentaria empolladura, el pueblo. Tal era el lugar donde las Cortes, acabadas de nacer, hicieron su primer pinito y lanzaron al mundo el primer quiero vivir.