Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Podría yo componer un libro con mis aventuras de aquel día, en que más de una vez me vi a dos dedos de la muerte. Mas la materia del libro condensaré en cortas líneas, diciéndoos que vi todo lo que quería ver[32], y allegué cuantos datos y conocimientos esperaba obtener por mi conducto el duque de Ciudad Rodrigo. Y cuando me hallaba en lo más empeñado de mis observaciones y de mis peligros supe y vi que los franceses evacuaban la ciudad, lo que no era para mí atenuante de mi arriesgada situación, sino más bien motivo de mayor cuidado, porque al salir Marmont con su ejército dejó en la plaza gobernador, guarnición y justicia que con bárbara celeridad castigaban el espionaje.
Para salir hube de valerme de un grupo de masones, con quienes por mi buena suerte tropecé en las últimas horas de la noche del martes. Los clandestinos sacerdotes o maestros de obras del Gran Arquitecto del Universo, con la cooperación de la miss, adoradora del misterio, de la leyenda y de todo lo anómalo y novelesco, me sacaron en la zaga de los franceses, compuesta de cantineros, mozas y toda la taifa perdularia y maleante que suele ser la extrema cola o rabillo envenenado de los ejércitos en marcha. ¡Oh, Dios misericordioso, parecíame que había vivido un siglo dentro de Salamanca, la ciudad de Minerva convertida en ciudad de Marte! Cuando me vi fuera de las temibles puertas creí que tomaba de la muerte a la vida.