Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Pero si Dios, al parecer, y como prueba, me dejaba entregado a las tribulaciones, no tardó en demostrarme después que miraba por mÃ, sacándome de las pavorosas trampas en que caÃa. DÃgolo porque mi primer encierro fue en la torre de la Merced Calzada. Dejáronme solo mis carceleros; subà velozmente a lo más alto, y desde el recinto de las campanas contemplé toda la ciudad y las fortificaciones, que dibujé con trazo firme y breve. Hecho esto, y cuando los bribones que me guardaban quisieron llevarme preso a la comisarÃa de guerra, tuve bastante aplomo para burlarles graciosamente. Les convidé a beber; prestáronse a tomar las borracheras que quise administrarles; me hice pasar por un gran señor que se disfrazaba con fines de amoroso galanteo; ayudóme a esto una señorita inglesa, romántica y andariega, que yo habÃa conocido en Sancti-EspÃritu; cayeron en el engaño los aturdidos franceses, vencidos del vinazo y de mis sutiles fingimientos; escapé de sus uñas, y al caer en otras fui salvado por la misma estrafalaria inglesa, que en aquella novelesca jornada fue para mà emisaria de la Providencia.