Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Realmente no debíamos envanecernos, pues ignorábamos la fuerza que podían enviar los franceses detrás de las anteriores. Veíamos enfrente el espeso bosque de Cavarrasa, y nadie sabía lo que se ocultaba bajo aquel manto de verdura. ¿Serán muchos, serán pocos? Mirábamos el bosque, y el obscuro ramaje de las encinas no nos decía nada. Era una masa enorme de verdura, un monstruo chato y horrible que se aplanaba en la tierra con la cabeza gacha y las alas extendidas, empollando quizás bajo ellas innumerables guerreros.
De pronto vimos que el monstruo se movía; que alzaba una de sus alas; que echaba de sí un enjambre de homúnculos, los cuales distinguíanse allá lejos al costado de la madre, pequeños como hormigas. Luego iban creciendo, íbanse acercando…; de pigmeos tornábanse en gigantes; lucían sus cascos; sus espadas semejaban rayos flamígeros; subían en ademán amenazador columna tras columna, hombre tras hombre.
Con la presteza del buen táctico, Pack, sin abandonar el asedio de la ermita, nos mandó más gente y esperamos tranquilos. El bosque seguía vomitando gente.
—Es preciso combatir a la defensiva —dijo el coronel.
—A la defensiva, sí. ¡Viva Inglaterra!
—¡Viva el Emperador! —repitieron los ecos lejanos.
—¡Ingleses, Inglaterra os mira!