Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos Un oficial que mandaba en la primera batería subió a tomar órdenes y antes de hablar cayó muerto a los pies de su jefe; otro guardia marina que estaba a su lado cayó también mal herido y Uriarte quedó, al fin, enteramente solo en el alcázar, cubierto de muertos y heridos. Ni aun entonces se apartó su vista de los barcos ingleses ni de los movimientos de nuestra artillería, y el imponente aspecto del alcázar y toldilla, donde agonizaban sus amigos y subalternos, no conmovió su pecho varonil ni quebrantó su enérgica resolución de sostener el fuego hasta perecer. ¡Ah!, recordando yo después la serenidad y estoicismo de don Francisco Javier Uriarte he podido comprender todo lo que nos cuentan de los heroicos capitanes de la antigüedad.
Entre tanto, gran parte de los cañones había cesado de hacer fuego porque la mitad de la gente estaba fuera de combate. Tal vez no me hubiera fijado en esta circunstancia si, habiendo salido de la cámara, impulsado por mi curiosidad, no sintiera una voz que, con acento terrible, me dijo: «¡Gabrielillo, aquí!».
Marcial me llamaba: acudí prontamente y le hallé empeñado en servir uno de los cañones que habían quedado sin gente. Una bala había llevado a Medio-Hombre la punta de su pierna de palo, lo cual le hacía decir:
—¡Si llego a traer la de carne y hueso…!