Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos —Una, sobre todo irreparable —contestó el inglés con tanta congoja como la de don Alonso—. Hemos perdido al primero de nuestros marinos, al valiente entre los valientes, al heroico, al divino, al sublime almirante Nelson.
Y con tan poca entereza como mi amo el oficial inglés no se cuidó de disimular su inmensa pena: cubrióse la cara con las manos y lloró, con toda la expresiva franqueza del dolor, al jefe, al protector, al amigo.
Nelson, herido mortalmente en mitad del combate, según después supe, por una bala de fusil que le atravesó el pecho y se fijó en la espina dorsal, dijo al capitán Hardy: «Se acabó; al fin lo han conseguido». Atormentado por horribles dolores no dejó de dictar órdenes, enterándose de los movimientos de ambas escuadras, y cuando se le hizo saber el triunfo de la suya exclamó: «Bendito sea Dios; he cumplido con mi deber».
Un cuarto de hora después expiraba el primer marino del siglo.