Episodios nacionales para ninos

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Vino la noche y con ella aumentaron la gravedad y el horror de nuestra situación. Parecía que la Naturaleza había de sernos propicia después de tantas desgracias; por el contrario, desatóse un recio temporal, y viento y agua, hondamente agitados, azotaron el buque, que, incapaz de maniobra, fluctuaba a merced de las olas. Los balances eran tan fuertes que se hacía difícil el trabajo, lo cual, unido al cansancio de la tripulación, empeoraba nuestro estado de hora en hora. Un navío inglés, que después supe se llamaba «Prince», trató de remolcar al «Trinidad», pero sus esfuerzos fueron inútiles y tuvo que alejarse por temor a un choque, que habría sido funesto para ambos buques.

Entre tanto, no era posible tomar alimento alguno. Apretado por el hambre me arriesgué a hacer una visita a los pañoles del bizcocho, y, ¿cuál sería mi asombro cuando vi a Marcial allí, traseguando a su estómago lo primero que encontró a mano? El anciano estaba herido de poca gravedad, y aunque una bala le había llevado el pie derecho, como éste no era otra cosa que la extremidad de la pierna de palo, el cuerpo de Marcial sólo estaba con tal percance un poco más cojo.

—Toma, Gabrielillo —me dijo, llenándome el seno de galletas—: barco sin lastre no navega.

Enseguida empinó una botella y bebió con delicia.


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