Episodios nacionales para ninos
Episodios nacionales para ninos «No perdió Churruca el conocimiento hasta los últimos instantes; no se quejó de sus dolores ni mostró pesar por su fin cercano; antes bien, todo su empeño consistía, sobre todo, en que la oficialidad no conociera la gravedad de su estado, y en que ninguno faltase a su deber. Dio las gracias a la tripulación por su comportamiento heroico; dirigió algunas palabras a su cuñado Ruiz de Apodaca y, después de consagrar un recuerdo a su joven esposa, y de elevar el pensamiento a Dios, cuyo nombre oímos pronunciado varias veces por sus secos labios, expiró con la tranquilidad de los justos y la entereza de los héroes, sin la satisfacción de la victoria, pero también sin el resentimiento del vencido, firme como militar, sereno como hombre, sin pronunciar una queja ni acusar a nadie, con tanta dignidad en la muerte como en la vida. Contemplábamos su cadáver aún caliente, y nos parecía mentira; creíamos que había de despertar para mandarnos de nuevo y tuvimos para llorarle menos entereza que él para morir, pues al expirar se llevó todo el valor, todo el entusiasmo que nos había infundido».