Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta EN LA CALLE DEL AVE MARÍA
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Segismundo Ballester (el licenciado en Farmacia que estaba al frente de la botica de Samaniego) tenía frecuentes altercados con Maxi por los garrafales errores en que éste incurría. Llegó el caso de prohibirle que hiciese por sí solo ningún medicamento.
—¡Carambita, hijo! Si da usted en confundirme los alcoholatos con las tinturas alcohólicas, apaga y vámonos. Este frasco es el alcohol de coclearia, y este otro la tintura de acónito… Vea usted la receta y fíjese bien… Si seguimos así, lo mejor sería que Doña Casta cerrase el establecimiento.
Y expresándose así, con ínfulas y asperezas de dómine, Ballester le quitó de las manos a su subalterno lo que entre ellas tenía.