Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta —Pero ¿qué demonios ha echado usted aquí? —dijo luego con enojo, llevándose el potingue a la nariz—. O esto es valeriana o no sé lo que me pesco. ¡Cuando digo! Hoy está usted muy malo. Más vale que se retire a su casa. Yo me las arreglo mejor solo. Cuidarse; llévese usted un derivativo… Mire, mire, llévese también un preparado de hierro. El derivativo se lo zampa en ayunas… Luego en cada comida se atiza una píldora de hierro reducido por el hidrógeno, con extracto de ajenjos. Por la noche al acostarse se atiza usted otra… Con estos calores, conviene no abusar mucho del hierro, ¿sabe?, y sobre todo, paséese usted y no lea tanto.