Fortunata y Jacinta
Fortunata y Jacinta FINAL
1
Fortunata sintió ruido en la puerta y esta voz:
—¿Se puede?
—Pase usted, D. Segismundo —dijo reconociendo al regente de la botica.
Y entró el tal con cara risueña y actitud oficiosa, como de persona que cree ser útil. Estaba la joven incorporada en su lecho, con chambra y pañuelo a la cabeza. «¡Qué reguapa está! —pensaba Ballester al saludarla, apretándole mucho la mano—. ¡Lástima de mujer!».
—Ayer no pasó usted —le dijo ella con amabilidad—, porque yo no sabía quién era, y no quiero recibir visitas. Estoy muerta de miedo, y por las noches sueño que alguien viene a robármelo. ¿Quiere usted verle?…
A su lado estaba, durmiendo con plácido sueño, el recién venido personaje, cuyas precoces gracias quería mostrar a su amigo. Así lo hizo con más orgullo que vergüenza, y apartó las sábanas, dejando ver la carita sonrosada y los puños cerrados del tierno niño.
—¡Cuidado que es bonito! —dijo Ballester inclinándose—. Tiene a quien salir por una y otra banda.